Procedente de la región de Labrador en Canadá, la piedra labradorita fue descubierta por misioneros moravos en 1770 que se encontraban allí para trabajar con determinados pueblos indígenas, en particular los inuit. Ellos fueron los encargados de evangelizarlos. Los pueblos Innu (Montagnais-Naskapis) e Inuit creían que la piedra labradorita era nada más y nada menos que una piedra de fuego procedente de las auroras boreales del norte y sur del planeta. Según ellos, el frío la congeló en el punto más alto y luego cayó al suelo. La labradorita debe su nombre al geólogo Foster, quien la llamó así por primera vez en 1780. Si colocas un objeto como una bola de labradorita para equilibrar y armonizar la energía en un lugar como la sala o el dormitorio, recuerda limpiarlo frecuentemente para que s.
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