Visto desde su lado derecho, el guerrero nativo americano encarna un momento congelado de propósito y poder. Su mirada inquebrantable sigue la trayectoria de una flecha lanzada con precisión de halcón. Su postura revela la tensión de la acción; su mano derecha, que acaba de soltar la cuerda del arco, descansa sobre su pecho. Mientras tanto, su brazo izquierdo extendido sostiene el arco, cuya forma alargada refleja el aplomo del guerrero mientras ancla la escultura a su base. Elaborada utilizando la tradicional técnica de fundición a la cera perdida, esta escultura lleva en su interior la esencia del espíritu del guerrero. Un acabado de pátina marrón añade profundidad y textura, realzando el juego de luces y sombras en su superficie. La escultura, colocada sobre una base de mármol negro, ll.
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