Como uno de los eventos más populares en los primeros Juegos Olímpicos, la carrera de carro fue un gran espectáculo que tradicionalmente abrió las competiciones. Fue seguido por el pentatlón, que presentaba correr, saltar, jabalina y lanzamiento de discos y lucha libre. Esta escultura captura el espíritu de esos juegos antiguos y representa a un auriga griego/romano de pie con orgullo en su carro, tirado por cuatro poderosos caballos. Cada ángulo de esta pieza revela detalles notables, incluida la cabeza de águila en la parte delantera del carro, un símbolo del Imperio Romano. El movimiento dinámico de los caballos, la fuerza del auriga y el intrincado diseño del carro en sí dan vida a esta recreación histórica vívidamente. El arte refleja energía y elegancia, honrando el legado de la anti.
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