Un oficial francés permanece inmóvil en medio de un paisaje devastado. A su alrededor, las ruinas de un pueblo completamente destruido: muros derrumbados, vigas rotas, piedras esparcidas como fragmentos de un recuerdo brutalmente interrumpido. A lo lejos, algunas casas aún en pie se recortan en el horizonte, dando la medida de lo que ha desaparecido. La carretera, tranquila y vacía, atraviesa el escenario como un fino hilo entre el mundo antes y después de la guerra. Esta fotografía, tomada del natural, testimonia la magnitud de la destrucción sufrida por los pueblos del frente, a menudo arrasados por intensos bombardeos o incendiados durante las sucesivas retiradas. La escena evoca un pueblo situado en primera línea o justo detrás, probablemente destruido durante un intenso bombardeo.
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